Telescopio James Webb detecta luz de las primeras estrellas del universo en galaxia ultralejana formada tras el Big Bang

Un nuevo estudio sugiere que el Telescopio Espacial James Webb pudo haber detectado la luz de las primeras estrellas del universo, un posible vistazo directo a una época en la que el cosmos apenas comenzaba a tomar forma. El hallazgo proviene de la galaxia ultralejana LAP1-B, cuya luz viajó cerca de 13 mil millones de años para llegar hasta nosotros y cuya composición extremadamente pobre en metales coincide con lo que se espera de los primeros astros formados tras el Big Bang. La detección de LAP1-B fue posible gracias a una combinación excepcional de tecnología y naturaleza que marca un antes y un después en la cosmología moderna. Este descubrimiento, publicado recientemente, representa uno de los avances más significativos en la comprensión del universo primitivo y abre nuevas interrogantes sobre los primeros momentos de la creación cósmica.

La luz de esta galaxia fue amplificada unas cien veces por el cúmulo MACS J0416 a través de una lente gravitacional, un fenómeno predicho por Albert Einstein donde la gravedad actúa como una lupa cósmica. Sin este efecto, la señal habría sido demasiado débil incluso para un telescopio tan avanzado como el James Webb. Este fenómeno de lente gravitacional permitió a los astrónomos observar detalles que de otra manera habrían permanecido ocultos en la inmensidad del espacio. El telescopio, lanzado en diciembre de 2021, ha estado proporcionando imágenes y datos que prometen cambiar nuestra comprensión del universo desde su posición fuera de la atmósfera terrestre, lejos de las distorsiones que afectan a los observatorios terrestres.

Lo que hace especialmente relevante a LAP1-B no es solo su antigüedad, sino su composición química. Los análisis espectroscópicos revelaron que esta galaxia contiene una metalicidad de apenas 0.7% comparada con el Sol. En astronomía, el término “metales” se refiere a todos los elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, los dos componentes primordiales del universo. Una metalicidad tan baja es exactamente lo que los modelos teóricos predicen para las primeras generaciones de estrellas, aquellas que se formaron directamente del gas primordial sin contaminación de explosiones estelares previas. Este dato confirma que LAP1-B preserva una composición química muy similar al gas original del Big Bang.

“Una ventana al pasado que muestra cómo nació la luz en el universo”

Las primeras estrellas, conocidas técnicamente como Población III, habrían sido objetos masivos, brillantes y de vida corta que marcaron el fin de la llamada Edad Oscura del universo. Este periodo, que comenzó aproximadamente 380.000 años después del Big Bang, fue una época en la que el cosmos estaba lleno de hidrógeno y helio neutros que no emitían luz visible. Durante cientos de millones de años, el universo permaneció en la oscuridad absoluta, sin ninguna fuente luminosa que pudiera observarse. La aparición de las primeras estrellas cambió radicalmente este escenario, iniciando un proceso conocido como Era de Reionización.

Puede que estemos ante uno de los descubrimientos más importantes de la cosmología moderna: una señal que apunta a las primeras estrellas que existieron. Su estudio no solo permite reconstruir cómo nació la luz, sino también cómo se formaron los elementos que hoy sostienen planetas, mares y vida

Análisis del equipo científico internacional que realizó el descubrimiento

Estas estrellas primordiales habrían puesto fin a la Edad Oscura y su aparición inició la Era de Reionización, la etapa en la que las primeras fuentes luminosas comenzaron a moldear el cosmos y a permitir la formación de galaxias jóvenes y estructuras más complejas. La radiación ultravioleta intensa emitida por estas estrellas masivas ionizó el hidrógeno neutro del espacio intergaláctico, transformando el universo de opaco a transparente. Este proceso fue fundamental para que el cosmos evolucionara hacia el estado que observamos hoy, con galaxias, estrellas y planetas distribuidos por todo el espacio observable. Sin esta reionización, el universo seguiría siendo un lugar oscuro e inhóspito.

La parte más desconcertante del descubrimiento es que LAP1-B parece demasiado joven para contener estrellas tan primitivas. Los investigadores estiman que la galaxia tiene unos dos millones de años de antigüedad, lo que plantea un enigma sobre cómo pudo conservar una composición tan cercana al gas original del Big Bang. Esta paradoja temporal desafía los modelos actuales de evolución galáctica. Una teoría sugiere que esta galaxia podría haberse formado en un vacío cósmico aislado, lejos de otras regiones que sí fueron contaminadas con metales por generaciones estelares previas. Su metalicidad extraordinariamente baja refuerza esta hipótesis de aislamiento cósmico.

El Telescopio Espacial James Webb, con su espejo principal de 6.5 metros de diámetro y cinco instrumentos científicos avanzados, puede detectar luz infrarroja que otras misiones no capturan. Esto es crucial para ver objetos extremadamente lejanos, muy antiguos, o cubiertos por polvo cósmico que bloquea la luz visible. Lo que realmente distingue al James Webb es su tecnología avanzada para captar luz en el infrarrojo. Mientras que el ojo humano solo puede ver una pequeña fracción del espectro de luz, el telescopio puede ver más allá, revelando aspectos invisibles del universo. Gracias a esto, Webb no solo observa las estrellas y galaxias tal como las vemos, sino que tiene acceso a las áreas más distantes y tempranas del cosmos, incluyendo aquellas que surgieron miles de millones de años atrás, cuando el universo aún era un bebé.

Con estos avances tecnológicos, el James Webb permite explorar atmósferas de exoplanetas buscando signos de habitabilidad o vida, observar galaxias formadas a apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang, investigar la formación de estrellas y planetas dentro de nubes de gas y polvo, y analizar fenómenos de materia oscura y energía oscura. Desde que comenzó sus observaciones científicas en 2022, el telescopio espacial ha marcado un antes y un después en la exploración del universo. Lo más asombroso es que Webb ha comenzado a desvelar detalles de la luz emitida por estructuras formadas hace miles de millones de años, proporcionando información clave sobre el origen y evolución del cosmos.

Si esta ventana al pasado realmente se abrió, qué otros fragmentos de los primeros capítulos del universo podrían estar esperando ser encontrados. Los equipos científicos planean nuevas observaciones usando el Webb y otros telescopios como el Very Large Telescope y Subaru

Declaraciones del equipo de investigación internacional

Los equipos científicos planean nuevas observaciones usando el Webb y otros telescopios como el Very Large Telescope y Subaru. Si encuentran objetos similares o logran medir firmas espectrales más claras, podríamos estar frente a la primera evidencia directa de las estrellas que encendieron el universo. El objetivo es confirmar de manera definitiva que la luz observada proviene efectivamente de estrellas de Población III. Para ello, los astrónomos buscarán patrones específicos en los espectros de luz que sean característicos de estas estrellas primordiales, como la ausencia casi total de líneas espectrales de elementos pesados y la presencia de características asociadas con estrellas extremadamente masivas y calientes.

El descubrimiento de LAP1-B no es el único hallazgo revolucionario del James Webb en los últimos años. El telescopio ha identificado galaxias latentes o “galaxias Bella Durmiente”, enormes estructuras cósmicas que, contra todo pronóstico, dejaron de formar estrellas apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang. También ha detectado grupos de galaxias tempranas formados apenas unos miles de millones de años después del Big Bang, cambiando por completo la comprensión que hasta ahora se tenía sobre la cronología de la formación de estructuras a gran escala en el cosmos. Utilizando avanzados algoritmos y técnicas de detección de alta sensibilidad, los científicos lograron identificar casi 1.700 grupos de galaxias a más de 12.000 millones de años luz de distancia.

Hasta ahora, la mayoría de los modelos cosmológicos asumían que las estructuras a gran escala, como los grupos o cúmulos de galaxias tempranas, tardaron varios miles de millones de años en consolidarse tras el Big Bang. Sin embargo, los nuevos datos sugieren que esas formaciones ya existían cuando el universo tenía menos de 3.000 millones de años. Este descubrimiento cambia radicalmente la visión sobre la velocidad y las condiciones en las que surgieron estas estructuras. Además, el telescopio ha descubierto tres galaxias colosales, denominadas “monstruos rojos”, que se formaron apenas mil millones de años después del Big Bang. Este hallazgo desafía las teorías convencionales sobre la evolución galáctica y podría obligar a la comunidad científica a replantear los modelos establecidos de formación estelar.

Aunque las teorías actuales, como el Big Bang, explican cómo nació el cosmos hace unos 13.800 millones de años, aún quedan muchos detalles por descubrir. Cómo surgió el orden a partir de un caos primordial y qué ocurrió en los primeros momentos después del Big Bang son algunos de los grandes interrogantes que Webb tiene el potencial de desvelar, al permitirnos ver el universo en sus primeras etapas. Aunque Webb ha alcanzado un punto impresionante en su capacidad de observación, aún existen límites que la física actual no puede superar. Si bien podemos observar cómo era el universo hace 13.000 millones de años, es imposible llegar al instante exacto del Big Bang debido a limitaciones fundamentales de la física.

El hallazgo de LAP1-B tiene implicaciones profundas para múltiples áreas de investigación. En primer lugar, confirma que las primeras estrellas fueron responsables de sintetizar los primeros elementos pesados del universo. Cuando estas estrellas masivas explotaron como supernovas, dispersaron estos elementos por el espacio, enriqueciendo el medio intergaláctico y permitiendo la formación de generaciones posteriores de estrellas con composiciones químicas más complejas. Este proceso de nucleosíntesis estelar es fundamental para comprender cómo surgieron los elementos químicos que forman planetas rocosos, atmósferas y, en última instancia, la vida tal como la conocemos.

El estudio de LAP1-B y objetos similares también arroja luz sobre la reionización cósmica, una de las fases más importantes y menos comprendidas de la historia del universo. Durante este periodo, que se extendió aproximadamente desde 150 millones hasta 1.000 millones de años después del Big Bang, la radiación de las primeras estrellas y galaxias ionizó progresivamente el hidrógeno neutro del espacio intergaláctico. Este proceso transformó el universo de un estado opaco a uno transparente, permitiendo que la luz viajara libremente por el cosmos. Comprender los detalles de este proceso es crucial para reconstruir la historia completa del universo primitivo.

Los avances tecnológicos del James Webb están revolucionando la astronomía moderna. Equipado con instrumentos de última generación como NIRCam, NIRSpec, MIRI y FGS/NIRISS, el telescopio puede realizar observaciones que eran imposibles con generaciones anteriores de telescopios espaciales. La capacidad de Webb para observar en el infrarrojo cercano y medio le permite penetrar las densas nubes de polvo que oscurecen muchas regiones del universo y detectar la luz rojiza de galaxias extremadamente distantes, cuya luz ha sido desplazada hacia el rojo por la expansión del universo. Esta combinación de capacidades lo convierte en la herramienta ideal para estudiar el universo primitivo.

El año 2025 se perfila como un periodo transformador para la astronomía, con el James Webb a la vanguardia de los descubrimientos científicos. Los hallazgos recientes no solo amplían nuestro conocimiento del cosmos, sino que también plantean nuevas preguntas fundamentales sobre la naturaleza del universo y nuestro lugar en él. Cada descubrimiento nos acerca más a comprender los grandes misterios de la existencia: cómo surgió el universo, cómo se formaron las primeras estructuras, y si estamos solos en el cosmos. El telescopio James Webb no solo está cumpliendo sus promesas iniciales, sino que las está superando con creces, abriendo nuevas ventanas al pasado más remoto del universo y revelando secretos que han permanecido ocultos durante miles de millones de años.


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