El verano pasado, el profesor Javier Blanco de la Universidad de Salamanca detectó un hecho inquietante: varios estudiantes escuchaban respuestas de su examen de informática a través de diminutos pinganillos invisibles al ojo humano, apenas del tamaño de la cabeza de un clavo. Estos dispositivos transmitían información directamente al oído, haciendo que las normas tradicionales sobre móviles o apuntes fueran completamente inútiles. La gran diferencia hoy es la inteligencia artificial: un familiar o amigo fuera del aula puede recibir la foto de un examen, consultarla en ChatGPT y dictar las respuestas al estudiante en tiempo real. Esto convierte la acción de copiar en algo casi industrial, donde la preparación y el esfuerzo pierden valor, afectando no solo la evaluación individual sino la equidad entre compañeros.
Tecnología Encubierta en Evolución Constante
Los pinganillos no son una novedad pospandemia. Desde 2019, investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia habían desarrollado detectores de este tipo de dispositivos, aunque su eficacia era limitada. El uso de tecnología encubierta ha crecido un 40 por ciento en los últimos tres años, según estimaciones académicas. Los dispositivos más sofisticados en 2025 incluyen cámaras espía ocultas en botones, gafas o incluso mascarillas que permiten captar el contenido del examen sin levantar sospechas. Las más avanzadas transmiten la imagen a un cómplice que luego dicta las respuestas por pinganillo. Los pinganillos LAR, considerados actualmente los únicos verdaderamente indetectables en entornos universitarios, funcionan con tecnología de inducción magnética que no se ve afectada por inhibidores de señal.
Laura, profesora de la Academia San Roque en Tenerife, señala que muchos estudiantes buscan la vía rápida y rehúsan interpretar la información proporcionada por IA, delegando todo el trabajo intelectual a la máquina. Gafas con cámara oculta transmiten preguntas en tiempo real a interlocutores o directamente a IA generativa, que devuelve respuestas por pinganillos invisibles. El problema se agrava con avances de modelos como ChatGPT, que procesan imágenes y videos en tiempo real.
Detección y Sanciones Quedan Desfasadas
Las universidades españolas enfrentan desafíos: rapidez del avance tecnológico, dificultad de legislar sobre dispositivos diminutos y desajuste de sanciones actuales. Herramientas como Turnitin, Compilatio o Copyleaks detectan plagio tradicional y textos generados por ChatGPT, analizando patrones de escritura. Algunas universidades españolas ya las usan. Sin embargo, detectar dispositivos físicos durante exámenes presenciales requiere detectores de frecuencia e inhibidores. Los pinganillos más avanzados utilizan tecnología que esquiva estos sistemas convencionales.
Un profesor universitario español relató cómo descubrió que estudiantes usaron ChatGPT para trabajos del curso. Después de confrontarlos, admitieron que la mayoría copia con IA, no con chuletas tradicionales. Los trabajos fueron invalidados y tuvieron que presentarse al examen final. Algunos docentes desarrollan trucos como incluir frases invisibles en tipografía blanca sobre fondo blanco en instrucciones, detectando quién copió consignas directamente a ChatGPT sin leerlas.
“Los estudiantes llevan en sus bolsillos una herramienta que puede superar al profesor que está en la tarima si éste se limita a dar información convencional sobre los temas de la asignatura. La IA obliga a redefinir la enseñanza.” — Análisis académico sobre impacto de ChatGPT
Métodos Tradicionales Transformados por Tecnología
La tecnología no ha eliminado métodos tradicionales, los ha transformado. Las chuletas en papel ahora se ocultan en etiquetas personalizadas, interiores de bolígrafos o suelas de zapatos, con fuentes minúsculas o códigos de color. Los smartwatches, aunque prohibidos, permiten almacenar textos o recibir mensajes silenciosos. Algunos modelos simulan relojes analógicos y pasan desapercibidos. Copiar del compañero sigue siendo recurso habitual donde la vigilancia no es constante.
Debate Sobre Futuro de la Evaluación Académica
Algunos expertos cuestionan si tiene sentido seguir destinando esfuerzos a detectar dispositivos en lugar de reflexionar sobre su uso legítimo. La tecnología avanza hacia pinganillos implantados o conectados al cerebro con acceso inmediato a IA. La línea entre hacer trampas y usar herramientas se difumina. La Universidad de Sevilla autorizó temporalmente pinganillos en exámenes, argumentando que estudiantes deberían tener acceso a recursos que tendrán profesionalmente. El revuelo obligó a retractarse, pero el debate quedó abierto.
Frente a esta realidad, es necesario enfoque multidimensional. A corto plazo, detectores y protocolos más estrictos. A medio plazo, replantear métodos de evaluación privilegiando trabajos prácticos, proyectos grupales y exámenes orales que dificulten intermediación tecnológica. Fomentar ética académica y pensamiento crítico es crucial: la innovación no debería ser atajo, sino desafío para enseñar mejor. Algunos proponen aula invertida donde profesores y alumnos trabajan creativamente con IA, una vez asimilados fundamentos básicos.
Enlaces de Interés
- Universidad Politécnica de Valencia – Institución que desarrolló detectores de pinganillos desde 2019
- Universidad de Salamanca – Universidad donde se detectó caso de pinganillos invisibles
- Turnitin – Herramienta de detección de plagio y textos generados por IA
- OpenAI – Desarrollador de ChatGPT utilizado para responder exámenes
- Compilatio – Plataforma de detección de contenido generado por inteligencia artificial

